No es la fiesta, son infinidad de detalles los que originan el hormigueo romero cada vez que viene mayo. Comparto la reflexión del cura párroco Carlos Javier Rodríguez Parra tras el pregón de este año sobre la falta de fe de estos tiempos. Aprovecho para darle mi más sincera enhorabuena a Isabel Bueno Bueno, gracias por llevarnos de la mano por tus cincuenta romerías, tu pregón fue una lección de historia y de amor.

Mens sāna in corpore sānō es una cita latina que proviene de las Sátiras, recopilación de poemas escritos por el autor romano Juvenal a finales del Siglo I. Realmente la cita completa es Orandum est ut sit mens sāna in corpore sānō, cuya traducción es Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano.
Es importante rescatar la cita original de la famosa expresión “mente sana en cuerpo sano” porque llama a la oración. La salud mental y corporal requiere de acciones, supone esfuerzos, pero nunca habrá armonía entre ellas si no cultivamos el espíritu. Orar: dirigirse mentalmente o de palabra a una divinidad o a una persona sagrada, frecuentemente para hacerles una súplica. Rezar: dirigir a Dios o a personas santas oraciones de contenido religioso. Meditar: pensar atenta y detenidamente sobre algo. Contemplar: poner la atención en algo material o espiritual.

De diez a treinta minutos al día aconsejan los médicos que se debe estar para con uno mismo, sin distracciones, el alma desvelada, el espíritu alerta. Para resolver los misterios del vivir ayudan las acciones referidas anteriormente, orar, rezar, meditar, contemplar, utilicen la que prefieran, la finalidad es la misma, trabajar la fe, cultivar el espíritu. Sí, hablemos del espíritu, de alimentar el alma, alejémonos de sectarismos, toda religión, toda espiritualidad, tiene como común denominador el amor. La religión materializa la fe que cada uno de nosotros tenemos, no hay dos personas iguales en este mundo, así como cada individuo en su fuero interno alimenta su espíritu con su propia receta. Tengo amigos que rechazan la religión, muchos reniegan de ella. Al avanzar en la conversación sobre la fe, observas que hay resquemores, prejuicios, se repite el cansino argumentario a base de tópicos, esa actitud moderna de estar contra todo pero a favor de no se sabe bien qué, su incoherencia en el día a día les delata y les debilita aunque lleven coraza de superantitodo. Me entristece pensar que por una rebeldía no trabajada, se burlen y falten el respeto hacia el vital mensaje de fe que su entorno profesa, cada quien a su manera. Y no me vale el argumento del Dios tirano ni las guerras religiosas, creyentes y no creyentes detestamos las autoritarias teologías con su pretensión de ser las únicas válidas; estamos hablando de cultivar el alma, de amar y saber entregarnos a la comunidad, una comunidad viva, diversa, abierta, en continua transformación.

Fe: conjunto de creencias de alguien. Si hubiese nacido en Marrakesch, o en Israel, o en el Tíbet, mis tradiciones y mi calendario serían otros, pero por suerte o por desgracia nací en un pueblo al suroeste de Andalucía, llamado Lepe, y tras algunas idas y venidas, me reconcilié con mi cultura y mis tradiciones. Tuve la necesidad y me dieron la oportunidad de irme para volver, encontrándome a mi misma y sabiendo hacia dónde quiero ir.

“Eran las seis de la mañana, despertaron mi dormir, anda y lávate la cara que la Virgen va a salir” (Amigos de Lepe). Mi despertar de las seis de la mañana de mi niñez lo protagonizaba mi abuelo Manuel Fascurro, “anda Bellita que hay que enganchar el charré”, el mulo en el patio al amanecer y una renacuaja de cinco años sosteniendo arreos y cascabeles cual lacaya profesional.

“Esperando, si llevo un año esperando” (Bella Trini Acevedo), esperando y preparando. La imagen de mi abuela abrillantando cascabeles en el patio, con su eterna fuerza, y ahora la imagen de mi abuela viéndonos abrillantar los cascabeles a mi hermana y a mi con sidol –el mejor abrillantador según ella-, “no eches tanto Macarenita”, “Bellita, ése tienes que repasarlo que no te ha quedado bien”, y su movimiento de cabeza haciendo fuerza como si el trapo estuviese entre sus manos, mi hermana y yo nos miramos y sonreímos, Bella Acosta Pérez, fuente de energía inagotable.

“De tal palo tal astilla” (Los Romeros de la Puebla), nada es impuesto, todo es sutil y mágico. Recuerdo los viajes en coche de Gibraleón a Lepe tras visitar a la familia panturrana, nuestra banda sonora de la infancia era mi padre, Joaquín González Ortega, cantándonos sus fandangos y sevillanas preferidas. Poquito a poco le fuimos acompañando en su cantar, nos decía… “la voz tiene que salir del pecho no de la boca”, y nos mirábamos las tres incrédulas (somos tres hermanas), pensando que se estaba quedando con nosotras, “¿cómo va a salir del pecho papá?”, “sí, sí, del pecho, de la garganta, tiene que salir de dentro”, y a lo tonto, a lo tonto, a base de hacer fuerza y reírnos a carcajadas la una de la otra, escuchábamos como iba saliendo otra voz más profunda, más sentida, desde dentro, muy dentro.

“Pasan los años tras años, cada vez más simpatía en este pueblo de Lepe con su linda Romería” (Los Romeros de la Bella). La fe de nuestra madre, María Oria Acosta, hacia la Virgen de la Bella, es el motor romero de nuestra casa. Recuerdo una conversación sobre cómo había cambiado la Romería con el tiempo, mi madre cortó tajante “pues claro que ha cambiado, todo ha cambiado, pero la esencia es la misma, la Romería fue, es y será la que cada uno quiera que sea, acompañar a la Virgen y estar con tus seres queridos, eso nunca va a cambiar”, fin de la conversación, verdades como templos.

“Llegó hasta el puerto de El Terrón dentro de una caja de madera la madre de Dios (…) Ella es la luz de los cielos, la razón de la alegría, de la pena es el consuelo, qué suerte para los leperos que viven su romería” (Duende). La suerte de recibir el regalo de la Virgen de la Bella y la magia de su historia es orgullo y honra para los leperos. “Y quiere La Tinajita desde lejos divisarte, el Terrón verte en el río y Lepe que desvivío se afana para llevarte” (Fe Romera).

“Qué alegría más grande, la que se siente, cuando dices a alguien “yo soy de Lepe””, la sonrisa está asegurada cuando le dices a alguien que eres de Lepe, ya pueda estar llorando la persona en cuestión, y que sí, y que Lepe existe, en serio, alguna que otra vez he tenido que enseñar el DNI.

Las amistades son invitadas a la Romería, y esa magia inexplicable que siente el romero, se multiplica por mil cuando la compartes con amigos. El amigo queda embelesado con esa explosión de sentimientos que concentra el recinto romero. Hay una sevillana de la familia de artistas de José María, que explica mágicamente cómo el espíritu romero le cala al forastero, como la Virgen de la Bella le llena y le impregna de buenas vibraciones, dice el estribillo “y un suspiro se escapó de lo profundo del alma cuando a Lepe le escuchó decirle a su Bella guapa y con la Virgen lloró”. Por ejemplo, en mi caso, Laura Rivera Pérez, (amiga dominicana) y su pareja Francesco Montemurro (amigo italiano), se recorren la península para encontrarse un año más con la Virgen de la Bella.

Oremos, recemos, meditemos, caminemos, contemplemos, ejercitemos el alma, el espíritu, la fe, comprendamos que los rituales y las tradiciones son ejercicios para el alma que bien enseñados y bien transmitidos ayudan a comprender el misterio de la vida. Nuestra cultura es cristiana, por qué empeñarnos en renegar de ella, porqué no crecer con ella y ella con nosotros. La religión está viva, seamos partícipes de su evolución. ¡Viva la Virgen de la Bella!, vivir, del verbo para siempre.

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